MANTELES Y BALDOSAS

Helena Carulla31 de enero de 2026 - 1 de marzo de 2026
MANTELES Y BALDOSAS

Nuestra primera muestra del 2026 presenta una aproximación al mundo doméstico como territorio de memoria emotiva. Lo cotidiano aparece aquí como gesto material definido por su repetición, esa es la premisa de la artista Helena Carulla en “Manteles y Baldosas”. En su obra, los espacios familiares —la cocina, la mesa, la textura del piso— se presentan como escenarios persistentes, atravesados por el tiempo y por una suma de gestos mínimos que van tejiendo las dinámicas compartidas de lo cotidiano.

Su trabajo se construye desde el fragmento, estos instantes suspendidos que conservan algo de lo vivido. Manteles de líneas y otros de cuadros, el mismo piso compuesto de baldosas: motivos insistentes que en su reiteración despliegan capas de sentido irreductibles a una sola imagen. Estos patrones funcionan como superficies de inscripción, revelando la atmósfera testigo de una familia. La repetición aquí responde a una lógica acumulativa que se distancia de la nostalgia.

El lenguaje plástico de Carulla es preciso, contenido. La elección del detalle, la superposición de planos, la atención a la textura y a los ángulos construyen atmósferas verosímiles, reconocibles como recuerdos de la mente, cargadas de una emoción que se aleja de lo teatral. Sus obras relatan la vida doméstica en un estado cercano, casi funcional, donde el drama no carga a la narrativa.

En este sentido, Manteles y Baldosas dialoga críticamente con el contexto visual contemporáneo, saturado de imágenes excesivamente pulidas, perfectas, programadas. El trabajo de Carulla reivindica lo anecdótico, lo incompleto, aquello que persiste como un gesto de identidad que se va desarrollando a veces sin darnos cuenta. Sus imágenes se entienden como procesos de indagación continua donde la repetición se convierte en una suerte de excavación personal.

 La artista señala que el oficio radica en indagar, descubrir y volver sobre los mismos escenarios. Esa insistencia responde a una urgencia íntima: entender cómo lo familiar, lo doméstico y lo aparentemente previsible contiene dimensiones misteriosas y cambiantes que perduran.

Así, esta exposición propone una lectura sensible de la cotidianidad como espacio donde lo personal encuentra resonancia en lo universal. A través de una perspectiva cargada de flexibilidad y elementos reconocibles, la obra de Carulla dispone el lugar para que la acción —emocional, afectiva, humana— ocurra. En esos espacios comunes, compartidos y transitados, la memoria se vuelve lenguaje compartido.

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