“Una gran nube negra, como una gigantesca gallina que hubiese puesto un huevo de oro, puso la luna sobre una colina.”

José Sanín24 de abril de 2025 - 20 de junio de 2025
“Una gran nube negra, como una gigantesca gallina que hubiese puesto un huevo de oro, puso la luna sobre una colina.”

Lo inusual del largo nombre de esta exposición se vincula con la fuerza visual de esta frase del libro Platero y yo (1914) de Juan Ramón Jiménez. Esta historia está constituida por breves estampas que responden a impresiones, sensaciones y recuerdos de la vida de un hombre y un burro en un escenario bucólico. Un camino similar al que ha tomado José Sanín (1990) para esta muestra en Paisaje.

Caminar, recorrer y apreciar. Estos verbos pueden describir la mirada ante la naturaleza, ante un horizonte, ante los paisajes cotidianos y los extraordinarios. Esta propuesta puede ser el camino silencioso por un entorno poblado de elementos biológicos y sintéticos: una rana, un satélite, un huevo, unas flores. José ha pensado esta muestra como un ensamblaje de escenas, viñetas que, al disponerse juntas, componen un horizonte cambiante, silueteado, creado por estructuras visibles.

La exposición presenta bastidores de distintos tamaños y colores sobre el muro como elementos teatrales, creando un juego de luces y sombras en la composición completa. Estos pueden ser leídos como fragmentos sueltos de un mundo en formación. Una figura, otra más, y otra: el ojo del espectador va armando la historia, asociando las escenas mediante las posibilidades de la perspectiva que ofrecen las piezas. Así, poniendo de frente lo que usualmente se encuentra tras bambalinas, lo que compone las estructuras que cargan pinturas o dibujos, la obra de José explora la estructura material del horizonte que sostiene. A sus pies, tres distintos bancos. Cada uno de estos se desarrolla a partir del estudio de
la madera como material, pensando en sus particularidades y en cómo se puede moldear un objeto para reposar.

Por lo tanto, la exposición no se fija en una idea única ni presenta un mensaje directo. Esta muestra es más bien una deriva. Un gesto matérico entre la tela, la madera y la luz. Un experimento sensible y abierto, como quien sale a caminar al monte y se deja sorprender por lo que aparece. Como Margaret Lanterman -la Señora del Tronco de la serie Twin Peaks, una especie de médium del paisaje- que canaliza mensajes de otra dimensión a través del tronco que sostiene.

Así pues, la muestra parece evocar una figura clásica de la pintura romántica: aquella del personaje solitario que, sentado sobre una piedra, observa el horizonte en silencio. Pero aquí, ese personaje no mira
lo sublime desde la distancia, sino que se inserta en un paisaje hecho de elementos cercanos, cotidianos quizás, pequeños, a veces absurdos, otros encantadores. Todo esto dialoga con el resto de objetos que se encuentran en el espacio -lejano del cubo blanco- con la indumentaria y los elementos que desde antes habitan este espacio/tienda en donde se instauran. Al final, esta propuesta sugiere otra forma de estar en el mundo: una dispuesta a oír mediante el diálogo polifónico que sugieren los objetos. El paisaje está ahí, pero también se inventa mientras se mira.

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