“Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero” es una proclama latinoamericana con
la que los vendedores ambulantes ofrecen, en buses, trenes o la calle, objetos pequeños que
generalmente caben en la mano. La frase promete algo para llevar, algo que acompaña. María
Venancio toma la primera mitad para titular su primera muestra individual en Colombia.
La práctica de Venancio empieza caminando y observando. Recorre la ciudad atenta a lo que la
va rodeando. Ella se enfoca en escuchar, mirar, recoger, pintar, corregir y volver a escuchar. Sus
obras señalan elementos que ya existen, artistas, músicos, libros, poemas y otras pinturas, con
el gesto de quien encuentra algo y siente la necesidad de mostrarlo. Así, pintar se vuelve para
ella una forma de homenaje donde celebra que algo exista y lo repite para volver a verlo.
Esta muestra reúne 36 pasteles sobre papel de formato pequeño. En ellos aparecen prendas de
ropa, imágenes célebres de la cultura argentina y detalles de texturas, un pliegue, una superficie
vista de muy cerca. Son imágenes del tamaño de lo que se guarda en una cartera: un cigarrillo,
bolsillos, mangas y gestos cotidianos. Objetos de devoción portátil.
Las piezas de la exposición no funcionan de manera aislada. Algunas se agrupan en composiciones
precisas, otras arman grupos, y entre todas se completan entre sí por la forma en que están
dispuestas. Venancio vuelve sobre los mismos objetos desde ángulos poco predecibles: zapatos
vistos desde miradas muy distintas, camisetas vistas desde lugares que no se repiten.
La gran mayoría de estos pasteles conserva el afán del boceto, el deseo de dejar algo pintado a
través de un gesto instintivo. No buscan ser imágenes perfectas ni llegar a una representación
fiel. Estas en realidad caricaturizan el gesto de la ropa y usan el color para abrir una conversación
entre una pieza y otra.
Esa conversación atraviesa la cultura visual y arranca en la cultura pop argentina. Las prendas
que dibuja Venancio funcionan como códigos de vestimenta reconocibles que hablan de una
época y de un momento preciso. Vistas en conjunto, las piezas pueden leerse como radiografías
de un contexto socioeconómico y geográfico particular.
La pregunta por lo que mostramos al vestirnos, y por cómo se cruzan las culturas a través
de la ropa, llega ahora a Paisaje a través de una exposición que presenta prendas dibujadas
dialogan con las que cuelgan a pocos metros. La muestra se despliega como un muestrario de
cosas queridas y observadas, ofrecidas en voz baja, como quien abre la cartera para enseñar lo
que lleva. Cada pieza repite el ofrecimiento que titula la exposición: esto es para llevar consigo.